Crónica del garreo del ancla

Eran los primeros días del mes de julio. Aunque habíamos llegado a Ibiza a penas unas horas antes desde Formentera, ya nos habíamos duchcatamaran_lagoon_410.jpgado y habíamos ido a tomar algo. El hecho de tener que volver a nado desde la playa hasta el barco nos disuadía tanto de beber mucho como de volver demasiado tarde. Teníamos que descansar porque al día siguiente proseguiríamos la travesía hacia Santa Eulalia o Tagomago. Por eso me fui a dormir sobre las 5 de la madrugada, para despertarme tranquilamente cuatro o cinco horas después. Habíamos hecho todos los deberes prescritos para el buen navegante: adujar los cabos, plegar las velas, comprobar las cartas, las isobaras,… El ancla descansaba sobre la delicada arena de la playa de Ibiza.
Por fin conseguí conciliar el sueño en mi pequeño pero siempre confortable camarote, después de un duro día de vacaciones.

De pronto, sobresaltado me desperté por un incomprensible estruendo. Abrí los ojos y vi por la escotilla de encima de mi cabeza, que hacía las veces de puerta y que mantenía siempre abierta, que estaba amaneciendo. Serían las 7:30h. El estruendo se repitió de nuevo, aunque esta vez lo identifiqué: era la voz de Pablo rugiendo: “¡¡¡¡¡Ángel Santiago!!!!!, ¡levántate y ayúdame!”.

Con los párpados pegados salí por la escotilla y le pregunté qué pasaba. Dentro de su habitual calma histérica, provocada por el sentimiento continuo de alerta en el que vive un capitán que conoce su barco como la palma de su mano, que lo controla todo pero que no lo puede hacer a la vez, me dijo: “El ancla ha garreado. Estamos golpeando indirectamente al barco que hay detrás de ese” Y me señaló un viejo barco azul, detrás del cual había un flamante velero de 60 pies.

En ese momento, como estaba dormido y no me había enterado de nada, sin terciar palabra, decidí que lo único inteligente que podía hacer era lanzarme de cabeza al agua para despejarme. Pero cuando me sumergí en el cálido mar comprendí que lo mejor sería ir a ver que le estaba pasando al otro barco, para ver si podía separarlo del azul.

Cuando llegué al espejo de popa, me di cuenta de que en el barco había dos hombres adultos, solos, a los que parecía que habíamos alterado el descanso. Grité: “¡Ah del barco! ¿Puedo subir a bordo?”. El hombre que hacía las veces de patrón me miró fijamente durante unos segundos, como sopesando la posibilidad de que alguien que nada medio desnudo a las 7 de la mañana hasta su embarcación y, en vez de decir “buenos días”, dice “Ah del barco”, pudiera ser un psicópata. Pero debió desechar rápidamente ese pensamiento porque su situación era complicada, así que subí con presteza. Entre los tres comenzamos a empujar al viejo barco azul, que parecía llevar un cargamento de balas de cañón por lo que pesaba. Normalmente un barco es fácil de mover en el mar, pero estos dos enormes veleros estaban con las cadenas de las anclas enrolladas. Cuando los logramos separar, más tranquilamente, vino Pablo nadando con los papeles del seguro para arreglarlo todo, porque el velero de 60 pies y unos 300.000 € se había arañado con el azul. Sorprendentemente, ni nuestro barco ni el intermedio resultaron dañados en lo más mínimo. Es la ventaja de los barcos de metal.
Pero, os preguntaréis qué pasó.

A pesar de que nosotros habíamos comprobado todo lo comprobable, con las primeras luces del amanecer la suave brisa nocturna, sin dejar de ser suave roló, y desplazó nuestro barco. El ancla, que estaba sobre la delicada arena de la playa de Ibiza garreó, es decir, se deslizó (porque no habíamos arrojado suficiente cadena) por el fondo hasta que nuestro barco se paró porque topó contra otro, el azul, más grande que él. Este viejo velero azul pivotó sobre su eje vertical, como la ruleta de un casino, enredando su ancla con la del bonito velero de al lado, y golpeándole de lleno con el bauprés.
Pablo, siempre en duermevela, oyó el arañazo y subió rápidamente a cubierta. Cuando vio lo que ocurría gritó. Y el resto ya lo habéis leído.
A partir de aquel día, cada vez que atracábamos, arrojábamos dos anclas: una por babor y otra por estribor, para evitar el garreo.
Por cierto, aquella travesía fue magnífica.

4 Comentarios en “Crónica del garreo del ancla”


Comment by
Alberto
Julio 3rd, 2006

¿Por qué dos anclas?, si garrea, garreará igual con una que con dos, ¿no?. ¿Es normal echar dos?. Estaría genial que nos explicaras en otro post que es garrear (mucha gente no lo sabrá) y métodos para prevenirlo. Estas cosas son muy útiles para gente como yo.


Comment by
Tropablón de los Mares
Julio 3rd, 2006

Si que estuvo bien ese crucero.
Realmente nosotros no dimos a ningún otro barco, pero al ver garrear nuestra ancla llevándonos hacia otros yates decidimos izarla rápidamente, levantando con ella la del barco azul que pasaba por encima. La movimos lo suficiente como para que se diese contra el otro velero. Todo esto pasó en 2 minutos, por eso Ángel ni se acuerda de haber izado nuestro ancla con mucho esfuerzo. Este es otro ejemplo más de que debemos ser aún más precavidos en las calas atestadas de barcos en las que el truco de más viento, más cadena se complica por la falta de espacio.


Comment by
Tropablón de los Mares
Julio 4th, 2006

Garrear es que el ancla se arrastre por el fondo marino debido a las fuerzas que se están llevando el barco, el viento y las olas. La solución más típica es objeto de mofa, pues se cuenta que en un exámen oral el examinador preguntaba: “Está anclado y sube el viento, qué hace usted”.

“Yo, yo, tiro más cadena”

“Bien, pero sube más el viento”

“Pues yo, yo, tiro más cadena”.

“Pero sigue subiendo el viento!”

“Yo, yo, tiraré aún más cadena!”

Y el axaminador dice cabreado: “Pero de dónde saca usted tanta cadena!”

Y le contesta el alumno: “Y de donde saca usted tanto viento!”

jejeje

Al echar más cadena ésta trabaja más tendida, rozando por el fondo y formando una catenaria que provoca que el tiro del ancla sea horizontal, clavándose esta en el fondo.
Lo de echar dos cadenas es para repartir las fuerzas entre las dos.
En los catamaranes ayuda mucho anudar un cabo a la proa de cada patín y de estas a la cadena a 1 m de profundidad, evitando que el catamarán “navegue” anclado por el efecto del viento sobre los dos cascos. Así lo mantendremos aproado.

Qué largo, un día de estos lo completo y lo cuelgo como post. Un saludo.


Comment by
Cástor Pólux
Julio 5th, 2006

Además echando dos anclas evitas hasta cierta medida el efecto de un posible role del viento.

Deja un comentario

Artículos Recomendados

  • Temporal en La Sal 04 (31)
  • Elcano y la primera circunnavegación (28)
  • La oreja de Jenkins y Blas de Lezo (27)
  • La evolución de los aparejos náuticos (27)
  • los drakkar vikingos (25)


  • Últimos comentarios

    Personal Loans: I dont mean to be too in your face, but Im not sure I agree with...

    AC90: la nueva...

    Vasyu: UR4B6n Vasyu testit vasyu.net

    Refranes marineros

    prolan1: c17kFV qazwsx

    Refranes marineros

    Prolan: UgfHP0 re re re GAV GAV

    Refranes marineros

    porno tv: gdfghgf hgfh j gjhgf j fghf dhgfh fgh fdgh fd porno tvuplayer

    Temporal en La...

    porno hub: gfdg ggh dfhdfh fgh hgdfhg dfdasfgf dshfg h your porno hub

    Temporal en La...


    Fotos

    • descriptiondescription
    • descriptiondescription
    • descriptiondescription