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La Canción Del Pirata

amor y odio por el timón

Hacía ya unos meses que el timón no iba todo lo suave que sería deseable. SabíamosTimón sacado perfectamente qué era, porque ya nos había ocurrido antes. Nuestro timón lleva un eje de acero de unos 12 cm de diámetro, que engancha en la caña en cubierta y se inerva en la pala del propio timón, que mide unos 2 m de altura por 0,60 m de ancho. El hueco donde gira el eje lleva un recubrimiento de teflón, que tiende a hincharse, aunque muy poco, en determinadas condiciones. Después de unos meses de poco uso del barco nos encontramos con este inconveniente.

Para repararlo había que sacar el barco del agua, así que aprovechamos para la limpieza anual y que dieran unas capas de pintura al plomo.

Recuerdo bien aquel sábado. El barco ya tenía la obra viva pintada y estaba esperándonos para que le diéramos unos retoques en la pintura de la obra muerta y que repasáramos los ya míticos dragones rojo a babor y verde a estribor que decoran las bandas de nuestro querido “Mar Menor”.
Tras una dura mañana en la que Pablo, Cristina, Nuria y yo estuvimos quitando con espátula las bolsas de agua provocadas por la electrólisis (que se genera por el contacto del acero y el aluminio en un medio que transporte electrones como es el agua de mar), lijando, dando un par de capas de imprimación y otras de pintura blanca y perfilando los dragones, sobre las 14:30h decidimos irnos a comer.
A las 16h ya estábamos de nuevo en el barco, esta vez solos Pablo y yo, con la firme decisión de quitar el timón del hueco. Dicho sea de paso que un mecánico con dos ayudantes durante cinco horas no fue capaz de moverlo absolutamente nada. Eso sí, desmontaron la pieza que fija la caña al eje y luego la montaron al revés. Nos tocó enganchar una driza a la pieza y hacer tensión hacia arriba, y también una contra, para que la pieza no saliera disparada. Tras una hora conseguimos a martillazos sacarla de allí. Todavía me pregunto cómo fueron capaces de encajarla… El camino estaba empezado. Sólo faltaba descolgar el timón. ¿Sólo…?

Primero pasamos un cabo por arriba del timón, en la parte que queda por debajo del casco. Al cabo le hicimos un as de guía a modo de escala y, con sumo cuidado, me subí ahí mientras Pablo, muy atento, se quedaba esperado abajo para sujetar el timón cuando cayera. Aquello no se movió ni un milímetro. Conscientes entonces de los que nos iba a costar, pasamos otro cabo al que se subió Pablo.

Como los aspavientos y saltos que dábamos no servían para nada bajamos y nos pusimos a pensar. De repente una idea. Absurda, pero una idea. Como estábamos en dique seco, aquello estaba lleno de banquetas de acero en las que se apoyan los barcos. Nos acercamos a una esquina donde había unas cuantas apiladas y entre los dos, arrastrándola como pudimos, acercamos una de esas banquetas al timón. La subimos a duras penas y la enganchamos en los cabos a tan sólo cinco centímetros del suelo, que es lo que la pudimos levantar. Luego fuimos a por otra un poco más pequeña y la enganchamos a la primera.
Así, Pablo a babor y yo a estribor del timón, sujetamos la gran pala de los bordes y a la voz de AHORA que tanto le gusta a Pablo intentamos girarla empujando uno y tirando otro. Y se movió. Poco y de un lado a otro en lugar de hacia abajo, pero se había movido. Al fin y al cabo como ingenieros que somos intuíamos que eso debería funcionar, pero como mecánicos lo que más nos apetecía era que lo hiciera otro.

Decidimos añadir otra banqueta a la colección, con lo que ya colgaban del timón del orden de ciento y pico, quizá doscientos kg.
Nos armamos de paciencia y volvimos a coger otra vez la pala. AHORA … AHORA … AHORA.
Tras una hora, sí, una hora haciendo eso, pudimos comprobar que había descendido unos milímetros. No nos lo podíamos creer. Funcionaba. Era lento, pero nosotros somos cabezotas (sobre todo Pablo), así que seguimos con el proceso tras elevar algún centímetro más las banquetas.

AHORA … AHORA … AHORA … AHORA.

De repente dos centímetros de golpe!!! Sólo quedaba 1,5 m más!!!
Era demasiado lento. Por ello decidimos hacerlo al viejo estilo “todo lo rápido que puedas hasta que uno diga basta”.
La periodicidad del un, dos, tres, AHORA se incrementó notablemente, miestras el timón descendía. Teníamos que subir más y más las banquetas. Estábamos pletóricos.

Pero tras unas tres horas haciendo aquello Pablo que, para quien no lo sepa, es vehemente hasta el extremo, me pidió que paráramos unos minutos. Le pregunté que le pasaba y me enseñó la mano. La tenía llena de sangre y ampollas reventadas del esfuerzo.
El timón había bajado más de treinta centímetros y cada vez estaba más fácil de girar, por lo que decidimos parar sobre las 20h.
Pintamos un poco más hasta las 22:30h y nos fuimos a cenar.

Por cierto, nuestro entrañable amigo Kristian, que nos había dicho el día anterior que vendría ese sábado a echar una mano, en efecto llegó. Llegó a las 23h sin haber comido y con un hambre atroz, así que pedimos para él un filete enorme para que cogiera fuerzas para el día siguiente, que yo no estaría.
Pablo y yo nos sonreíamos. El pobre no sabía lo que le esperaba.

Así que el domingo por la tarde, no sin cierta maldad, llamé a Pablo para ver cómo les había ido el día. Me quedé alucinado.
Pablo me dijo que por la mañana se acercaron al timón y, tras una extensa explicación, se pusieron a hacer girar la pala. Cuál fue la sorpresa del intrépido Pablo cuando, tras cinco minutos de leve movimiento EL TIMÓN SE SOLTÓ SIN ESFUERZO. Claro, Kristian estaría pensando que qué historieta le habíamos contado.
Menos mal que Pablo le enseñó las ampollas reventadas y yo le comuniqué pertinentemente mis agujetas en la espada que duraron varios días.

Al menos, la feliz conclusión, queridos navegantes, es que ahora el timón va muy bien, porque el mecánico (otro distinto al primero) lijó el teflón y lo montó en un momentito.

Parece que nosotros no hayamos hecho nada, pero al menos nos reconforta pensar que muchas grandes acciones en la humanidad nunca han sido reconocidas.

Un comentario en “amor y odio por el timón”


Comment by
TRON470
Octubre 3rd, 2006

POR LAS GAMBAS A LA PLANCHA ¡¡¡¡, TAL AZAÑA RETALADA MERECE SER ANUNCIADA EN TODOS LOS ASTILLEROS DE LOS MARES, Y LOS ACTORES NOMBRADOS BUCANEROS MAYORES, SALUDITOS CURRANTES

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