Encallados en Tabarca, qué gran comienzo, (por los marineros del aire)
Junio 4th, 2007 por Tropablón de los Mares
Esta historia se remonta algunos años atrás poco después de empezar el siglo XXI. Éramos un par de amigos, nuevos navegantes con mucha afición al mar, pero siempre en nuestros sueños, que nos decidimos a sentir de verdad lo que era “la luna en el mar riela y en la lona gime el viento”.

Nos alistamos de grumetes en la Tropa Intrépida totalmente dispuestos pues cumplíamos los requisitos que en aquel entonces se exigían: “chicos y chicas preparados para las duras, hipotéticas tormentas, y para las maduras, fiestas en exóticas playas y concurridos puertos”.
El plan era salir de Torrevieja en una travesía de entrenamiento que nos llevaría hasta Moraira, lugar del que parte la regata homónima Moraira - Sta. Eulalia del Río (Ibiza) – Moraira, de las pocas regatas a las islas que tienen ida, un par de días de disfrute en tierra y vuelta en competición. Aunque la competición puede extenderse hasta altas horas de la noche en cualquier pantalán, pero eso será tema de otra historia.
Unas horitas en coche nos colocaron en Torrevieja. Íbamos cargados de ilusión pues estábamos en septiembre y teníamos que exprimir al máximo el extinto verano que se acaba. Pronto estábamos organizados, pero no para navegar, si no para ir a comprar el que iba a ser el rancho de la próxima semana, reponer material básico como una palanca de winche, repostar gasoil, y otras tantas cosas necesarias.
Así nos dieron las 10 de la noche, zarpando rumbo a Tabarca tras haber repostado también nuestros estómagos. Fue una bonita travesía a vela, con luna estrellada y en la que el patrón nos enseñaba el funcionamiento de todo. No parábamos de hacer variaciones de rumbo y pronto cogimos soltura, pues no es por piropearnos, pero se nos daba bien manejar cosas, para algo somos mecánicos de aviones.
Llegando a Tabarca las intrucciones fueron precisas: avanzar hacia el horizonte, a medio camino entre la isla y el cabo de Santa Pola para esquivar unos bajos que hay al suroeste de la fortaleza. El viento pegó un par de rachas, quizá influenciado por el cabo por lo que bajamos el génova. El patrón mandó retomar el rumbo, y bajó a estivar la vela y a por los cabos de amarre dejando a un amigo al timón. Los cabos no aparecían y se demoró más de la cuenta. Nosotros en cubierta disfrutábamos del espectáculo de luces y sus reflejos de aquel campamento sobre el mar que era Tabarca, sin percatarnos de que inconscientemente llevábamos la proa del barco rumbo directo a la isla. El patrón subió sonriente con los cabos en la mano y de repente se le mudó el gesto, corrió al timón y giró a babor 180º, poniendo punto muerto en el motor. A los 20 segundos, cuando ya nos reponíamos del susto, pump, el barco paró la poca velocidad que llevaba contra el fondo. Bajamos mayor en un suspiro, mientras el patrón intentaba sacarnos marcha atrás. No salíamos, estábamos encallados. Teníamos rocas a estribor y en proa, se veían, pero no sabíamos la profundidad, aunque parecían cerca. Varios intentos más a toda máquina por liberarnos fueron infructuosos. El oleaje por suerte no era intenso, aunque nos empujaba directamente hacia los bajos.
Lo que sigue es un catálogo de intentos de escape de las rocas que nos atrapaban.
Con ayuda de unas linternas acuáticas, gafas y tubo se tiró el patrón a comprobar si corría peligro inmediato el casco. Las rocas más altas quedaban a 1,5 metros de profundidad, pero tenían una ligera pendiente que evitaría que la panza del barco diese contra ellas, pues la orza que estaba anclada en el fondo calaba 2,30 metros. Después vino saber cual era nuestra prisión. Nos habíamos subido al inicio de las rocas.
Intentamos hacer escorar el barco mientras dábamos marcha atrás. Sin resultado.
Hinchamos la auxiliar, le subimos el ancla y la cadena que pudimos y se alejaron remando cuanto pudieron. Una vez en el fondeados, tiramos con fuerza para ayudar al barco a salir, pero no había manera marcha atrás, y el ancla garreaba. No era fácil llevarla lejos, pues la cadena tendía a atraer la barca hacia el barco. Lo que si conseguimos fue girar el barco, ahora podíamos intentar salir de proa. Tampoco funcionó. En cambio, la situación empeoró pues el mar terminó de girarlo haciendo que el timón también golpease el fondo al majestuoso ritmo de las olas.
En cualquier caso estábamos relativamente tranquilos, en parte gracias a la seguridad que transmitía el patrón, y en parte a que teníamos Tabarca a unos cientos de metros, con corriente, viento y oleaje a favor y todo el equipo de seguridad a punto en el salón.
Por ahora no iba a ser necesario, aunque si hubo otro baño. El que me dí para levantar el barco como si de un paso de Semana Santa se tratara. El patrón, otro tripulante y yo, sumergidos con los pies en las rocas y empujando con la espalda en el pantoque del barco. Conseguíamos mover las más de 7 toneladas de desplazamiento, pero al instante siguiente una suave ola era suficiente para recolocarlo en su acomodada posición.
Ya eran las 3 de la mañana. El patrón probó por radio por si había algún barco cerca que quisiera darnos el tirón necesario, pero la única respuesta fue la de Alicante radio. Aún quedaban muchas horas para el amanecer donde sin duda todo sería más fácil, pero para esa hora los daños serían mayores, así que solicitamos servicio de remolque. Fueron rápidos, en poco más de hora y media estaban allí, pero no querían acercarse a la “zona de bajos” hasta que fuera de día. Tuvimos que darles nosotros la solución: llevarles el cabo con la neumática a remo 500 m. Bueno, por lo menos el patrón se quedó tranquilo, pues nos había comentado un rumor de barra de náutico que contaba algo del estilo de: ¡si das tu el cabo, es un remolque, si te dan el cabo es un rescate y se quedan medio barco!
Se fue tensando el cabo de remolque, en contacto en todo momento por radio los dos barcos, y salimos gracilmente como si del punto de atraque habitual se tratara. Pedimos que nos llevaran a Santa Pola, tras insistir ellos en mantener el remolque y no pareciendo mala idea al patrón por desconocer el estado del timón.
Según se acercaba el Náutico de Santa Pola nuestros cuerpos caían en el sopor que hasta hace poco había evitado la tensa situación. Habíamos hecho un gran esfuerzo, aunque infructuoso, de trabajo en equipo, con mucho orden y colaborando codo con codo.
Nos echamos a dormir en cuanto estuvimos atracados y el patrón se fue a negociar el finiquito con nuestro remolcador, una pequeña embarcación de salvamento, con turbina al estilo de una moto acuática, con 3 o 4 tripulantes que habían sido sacados de la cama. La broma les salió por 200 o 300.000 ptas, un dineral, pero de algo tiene que vivir la empresa privada concesionaria.
Este fue el comienzo de una gran aventura, de un grupo de amigos que no ha vuelto a coincidir, pero que en las reparaciones, travesías y la postrera regata, funcionó como para que nos contratasen para el Desafío Español 2011. ¿Qué tal un reencuentro?
Los marineros del aire.
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Un comentario en “Encallados en Tabarca, qué gran comienzo, (por los marineros del aire)”
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Comment by santa pola Enero 17th, 2008 |
Parece que sera una aventyura dura |
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